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Una pizca de amor y otra de rencor: “Como agua para chocolate”, una carta de amor a la cocina mexicana

Amor, deseo y llantos de amargo amor, todos juntos como ingredientes dentro del recetario de la vida de Tita, en la novela de “Como agua para chocolate”.

“… Tita arribó a este mundo prematuramente, sobre la cocina, entre los olores de una sopa de fideos que se estaba cocinando, los del tomillo, el laurel, el cilantro, el de la leche hervida, el de los ajos y, por supuesto, el de la cebolla.”

La cocina mexicana esconde detrás de sí muchas historias, y entre ellas existe una en particular, llena de amor, profunda melancolía y buena comida: “Como agua para chocolate”.

Novela escrita por la autora mexicana Laura Esquivel, publicada en 1989 y adaptada al cine en el año de 1992 por el director Alfonso Arau, “Como agua para chocolate” es un libro que a través de sus páginas nos transporta a la época revolucionaria de nuestro país, a una vieja hacienda repleta de animales y cosechas ubicada en la región norte de México, lugar donde transcurre, entre sabores y llantos de mal de amores, la historia de Tita.

Tita, tras la súbita muerte de su padre, salió del vientre de su madre entre un mar de lágrimas saladas, con la desdicha de un destino encaminado únicamente al cuidado de su estricta madre, Mamá Elena, al ser la más pequeña de sus hermanas. Conforme pasa el tiempo, siendo ya una señorita, Tita conoce a Pedro: un joven del cual se enamora perdidamente, y este a la vez de ella, al punto de desear contraer nupcias con la bella joven. Sin embargo, sus planes se verán chamuscados como tortilla quemada en comal cuando Mamá Elena se entera de los sentimientos entre ambos jóvenes, puesto que Tita tiene que acatar al pie de la letra la vieja costumbre de permanecer soltera (o maldición, mejor dicho, para Tita), por lo que Pedro, ante la negativa de Mamá Elena, opta por casarse con su hija de en medio, Rosaura; todo por estar lo más cerca de Tita, aunque esta decisión termina rompiéndole el corazón a la pobre.

Es desde ese acontecimiento en el que la vida de la protagonista se convierte en una constante tragedia, pero que, al hallar consuelo en su pasión por la cocina, viene acompañada también de sucesos mágicos que le demostrarán a Tita que no todo es desgracia en lo que cabe dentro de su vida, y que el amor, por más lejano o difícil que resulte ser, siempre triunfa cuando este es verdadero.

Además, recetas extraordinarias nos acompañan de la mano en cada capítulo, invitándonos a conocer lo más íntimo de la cocina mexicana, y nos enseñan que cada sentir, cada latido o cada lágrima suelen sazonar los platillos más comunes o más elaborados que solemos degustar.

Sin más preámbulos, los invito a conocer los principales temas de esta conmovedora y apasionante novela.

Historia y la tradición en México

Comenzando con la época histórica en la que se desenvuelve el libro, que como se mencionó anteriormente, es la Revolución Mexicana: un periodo de la historia del país donde se enfrentaban las tropas en diversas batallas, a punta de rifles u otras armas, con el fin de luchar y erradicar las desigualdades que en ese entonces eran presentes en la población.

Esto es una parte que conocemos gracias a los libros de historia de la primaria y la secundaria, aunque no fue tan patriótico como pareciera ser: saqueos, asaltos a transeúntes, raptos, violaciones a mujeres y asesinatos eran sucesos frecuentes en aquel tiempo, sobre todo en la zona norte del país, tal como se plasma en algunos capítulos de la novela y nos permiten obtener un visión de dicho acontecimiento histórico en diversos aspectos, tales como la vestimenta, los corridos, las viviendas y construcciones, el paisaje o el modo de vivir y pensar de la sociedad de ese entonces, sin olvidarnos del corte de bigote popular.

Siguiendo la línea del ambiente, y trayendo a la memoria los recuerdos que nos cuentan nuestros abuelitos, sabemos que México, a pesar de ser un país de constante cambio y adaptándose a los tiempos modernos, también es tierra de costumbres y viejas tradiciones, las cuales han marcado no cada periodo histórico, sino a cada familia y hogar, siendo las causantes de algunas historias propias de cada miembro y que, con el transcurrir del tiempo, no han desaparecido.

Algunas costumbres permanecen, otras, sin embargo, han ido desapareciendo por decisión de sus receptores, tal como sucede dentro de la Familia de los De la Garza: de Mamá Elena a su hija Tita, de ésta con su sobrina Esperanza, y en consiguiente con la hija de ésta. Una parte muy importante y poco conocida dentro de la historia de nuestro país.

Amor, deseo y… Un corazón roto

De la novela se inhala amor y pasión en cada escena y diálogo, pero a su vez dolor y tristeza cuando el sentimiento, más allá de no ser correspondido, es más bien imposible por razones ajenas a uno mismo.

Los amores prohibidos parecieran ser una maldición heredada de generación a generación, donde a un miembro de la familia se le impide estar al lado de la persona a la que verdaderamente ama, porque va en contra de las buenas costumbres. Es por ello que la triste vida de Tita tiene raíz en lo anteriormente dicho.

A Mamá Elena se le prohibió amar a un joven de raza distinta, del cual, sin importar las absurdas creencias, estaba profundamente enamorada; sin embargo, los padres de ella lo anticipan y deciden ponerle fin a la romántica historia de la que posteriormente se convertiría en la antagonista del libro. Lo mismo se repite con Nacha, la cocinera, y posteriormente con Tita.

El rencor es un sentimiento que contamina el alma y el corazón, y Mamá Elena fue víctima de este como consecuencia de la imposición de lo estrictamente correcto y, por lo tanto, de un corazón. Sin olvidar la amargura de su juventud, trata de repetirla con la vida de la menor de sus hijas sin escrúpulo alguno.

Tita carga con el dolor de su corazón roto, al ver como el hombre que ama se casa con su hermana, y su anhelo de un matrimonio con él se va directo al fuego y se hace cenizas.

“¡Se sentía tan sola y abandonada! Un chile en nogada olvidado en una charola después de un gran banquete no se sentiría peor que ella.”

En cada comida que preparaba, Tita hacía expresión de cada uno de sus sentimientos, haciendo que estos tuviesen el sabor de la amargura de su desamor o el calor de su imparable pasión, provocando los más mágicos sucesos que no se habían visto jamás: el desagradable sabor de pastel de bodas de su hermana, hecha con sus vastas lágrimas, provocando el vómito y la diarrea entre los invitados; o las codornices en pétalos de rosas, creando un paroxismo entre los degustadores, sobre en Gertrudis, al punto de huir desnuda con un revolucionario y experimentar su lujuria sin límite alguno.

No obstante, los obstáculos no son impedimento para Tita ni para Pedro: el dolor aplastante, las lágrimas constantes y los amargos celos son superados por el deseo de una caricia, la espera de un beso apasionado y el deleite de un amor que ni Mamá Elena logra desvanecer con su dura presencia, mucho menos cuando dos jóvenes enamorados se juraron amor eterno sin formalizarlo como tal. Pasa un gran lapso de tiempo para que los protagonistas consuman y concilien su amor, pero, sin importar los años sucedidos, la llama de su amor no desaparece, como un cerillo que no puede apagar su flama por alguna mágica razón.

La cocina mexicana: recetas de generaciones

Este es un libro que, en lo personal, me recuerda especialmente a mis abuelitas: las deliciosas recetas que hoy en día cocinan son la herencia que cada generación ha ido aportando y, como en el caso de Tita, detrás de cada una, hay una historia que ya ha sido contada o falta por contar.

La narradora del libro es más ni menos que la sobrina nieta de Tita, a quien no pudo conocer en persona, pero sí a través de los relatos y las recetas que tiempo después su mamá le obsequió. La cocina mexicana es trascendental, es mágica e invaluable, ya que, además de permitirnos saborear los más deliciosos sazones, nos abre las puertas para explorar nuestras raíces, a nuestros ancestros y a todos aquellos con quienes tenemos, de una u otra manera, un lazo en común, aunque no hayamos tenido la oportunidad de conocerlos en persona.

No es en vano que sea común hacer referencia a la cocina como el punto de reunión de la familia, puesto que en ese lugar es en donde se crean algunos de los recuerdos más importantes de nuestras vidas, como el hecho de sentarse a comer unos ricos frijoles mientras tu mamá o tu abuelita te cuenta las memorias de su juventud y de cómo conoció a quien ahora es tu papá o tu abuelito.

Los lazos familiares son irrompibles, si así lo deseamos, y no hay nada mejor que un legendario platillo para sellarlo con broche de oro. Así que, cuando se animen a leer este libro, no olviden entregarse a él, como Tita lo hizo en cuerpo y alma a sus platillos y a su amor infinito por Pedro. ¡Provecho!

“Por eso estoy preparando tortas de navidad, mi platillo favorito. Mi mamá me las preparaba cada año. ¡Mi mamá!… ¡Cómo extraño su sazón, el olor de su cocina, sus pláticas mientras preparaba la comida, sus tortas de navidad! Yo no sé por qué derramo tantas lágrimas cuando las preparo, tal vez porque soy igual de sensible a la cebolla que Tita, mi tía abuela, quien seguirá viviendo mientras haya alguien que cocine sus recetas.”

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