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Lo mejor del 35° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Del 21 al 29 de Noviembre de 2020 se realizó, de manera online, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Argentina. Aquí te mostramos las películas más destacables del festival.

La edición número 35 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Argentina se llevó a cabo de forma online y gratuita del 21 al 29 de noviembre de este 2020 debido a las limitaciones y las precauciones tomadas por la pandemia de SARS-CoV-2.

El festival contó con decenas de películas y cortos tanto de Argentina, como de Latinoamérica y del resto del mundo; compitiendo en diferentes categorías y siendo premiados el último día del festival.

Para más información sobre el catálogo, las categorías, las películas ganadoras se puede acceder a la página del festival.

No creo que sea humanamente posible ver todas las películas disponibles en un festival, mucho menos en un contexto presencial con funciones superpuestas. En este caso, si bien logré ver alrededor de 50 películas en esa semana, hubo varias que me quedaron en el tintero (y me hubiese gustado ver). La que más reniego y me arrepiento de haberme perdido es El año del descubrimiento (Luis López Carrasco).

De todos modos, y sin más preámbulos, para este artículo me dediqué a seleccionar mis películas favoritas del festival y dar una breve opinión al respecto. Más que nada hacer especial énfasis en el cine latinoamericano (y, por abarcarlo también, al argentino), intentando que las producciones locales no queden en el olvido.

16. Las ranas (Edgardo Castro).

Esta película es cruda y realista, un retrato de la vida de las personas en situaciones marginales y la relación que tienen con las cárceles. No es un documental, pero está hecha de tal forma que lo parece. Trata de una mujer que tiene que criar sola a su hija y trabajar vendiendo en las calles para poder tener una cuarta parte de lo que sería una vivienda digna; además de llevarle drogas a su pareja en la cárcel cada vez que lo visita para tener relaciones sexuales o que él vea a su hija.

Una temática importante en este festival fue retratar realidades lejanas a la clase media y a la norma. Éste es uno de esos ejemplos, pero de los más crudos; se lo recomiendo a cualquiera con paciencia y con ganas de soportar una película que, si bien no digo que sea grotesca, puede ser algo cruda de ver. Por ejemplo, tiene una escena relacionada a los genitales de la protagonista, sin connotaciones sexuales ni de violencia, que puede ser difícil de ver.

15. Lúa vermella (Lois Patiño).

Una película gallega en donde un acontecimiento misterioso deja a un pueblo estático, relacionado con el océano y la desaparición de una persona que vivía allí (Rubio). El pueblo se queda literalmente estático, toda la película (85 minutos) consta de la cámara posándose en las diferentes personas que lo habitan y escuchar sus pensamientos, reflexiones, ideas y testimonios de lo que pasó o pudo haber pasado.

La cinematografía es hermosa, tiene un gran trabajo de fotografía detrás esta película. La trama tiene como disparador la aparición de tres meigas (personas, en este caso, mujeres, que realizan actos de magia o hechicería) pero no es una película que se centre en descubrir qué es lo que pasó o de ver cómo estos personajes salvan al pueblo del problema en el que está sumergido. Las intenciones van por otro lado, es un cine mucho más contemplativo, casi carente de conflicto.

Se la recomiendo a cualquiera que tenga paciencia y crea que puede lidiar con una película que, si bien puede ser algo pesada o sentirse aburrida, tiene una hermosa fotografía y lo que algunas personas le pueden llamar, con unos aires algo pretenciosos pero que en este caso quedan perfecto como “poesía cinematográfica”.

Ah, y cuidado con el screamer.

14. Retiros (in)voluntarios (Sandra Gugliotta).

Éste es un documental que comienza en Francia y termina en Argentina, mutando de una forma muy sutil y efectiva de la perspectiva extranjera a la nacional. El eje está en la forma que la empresa de telecomunicaciones TELECOM explota a sus trabajadores, tanto en su sucursal francesa como en su sucursal argentina, poniéndolos en condiciones laborales deplorables; más desde un punto de vista psicológico que desde un punto de vista de salubridad.

Es una película cruda de denuncia, de testimonio tanto de trabajadores (víctimas) como de personas que alguna vez estuvieron entre las cabezas de la compañía (victimarios). En donde el tema del suicidio es constante sin importar si se habla de Francia o se habla de Argentina.

Personalmente, no conocía la historia y me pareció algo muy importante para saber pero de lo que, increíblemente, no se habla mucho (o, en realidad, mejor dicho, no se habla nada).  

Y claro que la culpa es de C*rlos S*ul M*nem.

13. El tango del viudo y su espejo deformante (Raúl Ruiz; Valeria Sarmiento).

Un mal muy notorio de este festival es el caso de “películas que hubiesen funcionado mejor si se trataba de un corto”. Ésta es una de ellas, pero que supera esa particular falencia, en mi opinión, al tener una excepcional calidad cinematográfica y una (aunque excedida) corta duración.
La película se filmó hace 60 años y nunca se terminó; el audio se perdió y tuvo que doblarse de nuevo para su estreno. Raúl Ruiz murió hace unos años, esta película fue finalizada por Valeria Sarmiento (con quien había estado casado antes de morir). La primera media hora trata sobre un hombre atormentado por el fantasma de su esposa tras el suicidio de ella; luego, la segunda media hora, sin adelantar nada, es esa parte polémica que podría no estar y funcionar igual la película (como un mediometraje de media hora, la primera mitad).

De todos modos, hay muchos elementos de esa primera mitad que se resignifican en la segunda; además de recursos cinematográficos de esa primera mitad, de terror, que son excelentes. Es una gran historia, que, insisto, creo que supera sus falencias creando una atmósfera muy aterradora, frenética e interesante.

Ah, y esta película tiene las pelucas más aterradoras que vi en mi vida.

12. The Woman Who Ran (Hong Sang-soo).

Tengo cierta debilidad por este director, aunque estoy consciente de que no es del agrado de todos y que su estilo puede espantar, justamente por lo simple y común que éste es. Este es su largometraje número 26 de su filmografía (contando, además, con dos mediometrajes), y el número 19 de las que yo he visto.

 La película trata sobre una mujer que se reúne con amigos que no ve hace mucho tiempo mientras su esposo está de viaje. La trama avanza entre conversaciones banales que parece que no llevan a ningún lado, pero en realidad están construyendo a los personajes.

Un pecado de este director es que, en primera instancia, sus películas parecen “todas iguales”. Lo que no está muy errado. A veces suele hacer algo especial y distinto pero esta no es la excepción, es una de sus películas más convencionales en donde repite su fórmula pero, a su vez, lo logra muy bien. Con una corta duración de 1h10min cuenta una amena, bonita y entretenida historia.

Sí, quizás “si viste una las viste todas”; pero no dejo de recomendarla.

11. Esquirlas (Natalia Garayalde).

El 3 de noviembre de 1995, en la ciudad de Río Tercero, Córdoba; estalló una fábrica militar que provocó la caída de cientos de proyectiles activos por todos los pueblos que estaban a su alrededor.
Más allá de las cuestiones políticas que se relacionan con lo sucedido, que se desarrollan en el documental y no quiero adelantar; éste parece casi filmado de casualidad. El documental comienza con una familia que se compra una cámara y un hermano y una hermana se dedican a filmarse jugando y divirtiéndose. Eso fue los días previos a la tragedia. Por (¿mala?) suerte, o azar para decirlo de una forma más neutra, terminan haciendo un retrato de la realidad del pueblo en ese momento y cómo tuvo que lidiar por un largo tiempo con todos los peligros y problemas que había causado dicha explosión.

Es un documental tan trágico y crudo como cómico; tanto la niña como el niño tienen mucho carisma; ella lleva el documental y aporta con su narración contexto (ahora adulta) a todo lo que se filmó cuando era niña. Lo recomiendo mucho.

Ah, y sí, fue otra vez culpa de C*rlos S*ul M*nem.

10. El año del descubrimiento (Luis López Carrasco).

Es un documental larguísimo (3 hs. 20 min.) en donde todo vale la pena para construir cómo es vivir en España y cómo las crisis económicas le han afectado a nivel social. Es una dura crítica al capitalismo casi sin mencionarlo.

Toma como eje o punto de partida las protestas que sucedieron en 1992 en el parlamento español ubicado en Cartagena. Robándole las palabras a un amigo, la palabra capitalismo apenas se menciona en la película (y hacia el final) pero todas las 3 hrs. 20 min. son un testimonio de los daños que este sistema les ha causado a todas las personas que participan; a sus familias, a sus conocidos, y a cualquiera que haya vivido en España.

Se habla de la memoria, se habla de precarización laboral, de sindicatos, de protestas, de políticas extranjeras, de Franco, del “antes” que algunas personas afirman que era mucho mejor que el “ahora”; y de quienes afirman que, quizás, hay muchas diferencias entre el “antes” y el “ahora… pero los beneficios fueron sumados a costa de otras, diferentes, y más sutiles, consecuencias.

No está de más aclarar que tiene una marcada ideología de izquierda.

09. La escuela del bosque (Gonzalo Castro).

Probablemente sea la película que más se asemeje al estilo de Hong Sang-soo del festival (ignorando que, justamente, ya se mencionó una de este mismo director hace unos puestos). Para quienes no lo ubiquen, me permito explayarme más que lo que me explayé antes; es un director cuyas películas, si bien tienen una trama, ésta solo se desarrolla a lo largo de conversaciones cotidianas y charlas entre personajes que hablan-de-cualquier-cosa. Es un tipo de cine que no es para cualquiera porque apunta a gustos muy específicos; pero, personalmente, a mí me gusta e interesa bastante.

Ésta es la versión argentina de sus películas (y un poco española, también); la película trata de una mujer separada que se mudó a España con su hija y vive en una casa aprovechando algún error o conveniencia en una renta. La trama se desarrolla entre conversaciones y conversaciones que la van construyendo, hasta el arribo de su hermana y el aflore de problemas familiares sin solucionar.

Para cualquiera con paciencia, es una película lenta, se la recomiendo.

08. Las mil y una (Clarisa Navas).

Uno de los relatos más reales y bonitos de marginalidad que trajo este festival, sino el más real, bonito y cómico. Cuenta la vida de una adolescente y cómo ella crece en el barrio correntino “Las 1000 viviendas”; descubriendo tanto su sexualidad como formando una personalidad a los 17 años, en un entorno hostil lleno de drogas, sida y otras ETS, sexo, violencia, robos, prostitución, transexualidad, homosexualidad, estigmatización y discriminación.

Es de esas películas que aparentan un “sin conflicto”; aunque más bien todo gira en torno a que la protagonista se comienza a interesar por una mujer que, se rumorea, tiene VIH. Quizás pueda ser una especie de “Call me by your name” pero lésbica, mucho más cruda, marginal y sincera.

Hay dos cosas muy importantes que le destaco a esta película: no es nihilista, deprimente y exageradamente oscura como pueden serlo muchas que intentan retratar realidades marginales; ni tampoco fetichiza el hecho de que ambas protagonistas tengan una relación lésbica, se nota que está filmada por una mujer (aprovecho este espacio para mirar con malos ojos a “Blue is the warmest colour”, o “La vida de Adèle”; porque es justamente lo que esa película hace).

La recomiendo mucho, para mirar por encima de todos los prejuicios y las realidades cómodas en las que se pueden estar viviendo.

07. Como el cielo después de llover (Mercedes Gaviria).

Es un documental muy personal e introspectivo donde una directora de cine colombiana cuenta su relación con su padre, un conocido director de cine de aquel país llamado Víctor Gaviria. Ella hace un análisis no solo de la relación con su padre (una mezcla de cariño y, a la vez, querer desligarse de su fama para hacer cine independiente de él) sino del machismo estructural en la cultura y sociedad colombiana, además de cómo ella percibe el cine de una forma completamente distinta a la de su padre.

Mercedes Gaviria hace uno de los documentales más interesantes que vi en mi vida, que quizás quede un poco distante para quienes no conocen el trabajo de su padre o no esté familiarizado con ciertos aspectos de la cultura y sociedad colombiana; pero la gran mayoría de los acontecimientos son fácilmente interpretables o hasta extrapolables a cualquier sociedad y contexto (latinoamericano).

Plantea cuestiones complejas de amor y distanciamiento entre ella y su padre, intercalando metrajes de su infancia con metrajes que tomó mientras colaboraba en la producción de la última película de Víctor Gaviria.

La recomiendo mucho, resaltando (y destacando) una vez más la tendencia feminista y anti-patriarcal que tiene la película.

06. Adiós a la memoria (Nicolás Prividera).

Fue algo muy común en este festival ver documentales de autores que recopilaban metrajes y contaban historias personales de su infancia. De esos, estoy entre este y el anterior sin poder decidir cuál es el anterior y cuál me gusta más. La razón por la cual este está encima del de Mercedes Gaviria es que “Adiós a la memoria”, al ser un documental argentino, me toca mucho más de cerca y lo comprendo mucho más.

Nicolás Prividera narra la relación que tiene con su padre, que padece de alzhéimer, en tercera persona; jugando con constantes referencias a la cultura, al cine, a la literatura y, principalmente, a la política. El título ya es, en sí, una referencia a la película de Godard (“Adiós al lenguaje”). Lo importante acá es la política, siendo Prividera hijo de una desaparecida de la última dictadura militar de la Argentina.

 Prividera narra de forma un poco solmene y con clara intención poética la relación con su padre, con el alzhéimer y con la política (tanto a finales de los ’70 y principios de los ’80, los años que transcurrió la dictadura cívico-militar; como en la actualidad y la relación que tienen memoria y política).

Es de esas películas que una vez terminadas quiero volver a ver y agarrar todas las cosas que, probablemente, me habré perdido.

05. Las siamesas (Paula Hernández).

Volviendo con la ficción, esta película podría estar tranquilamente acá arriba o un poco más abajo; pero decidí mantenerla en el top 5 por lo que apoyo el trabajo tanto de la directora Paula Hernández como del director de fotografía Iván Gierasinchuk (Con quien trabajó también en su anterior largometraje “Los Sonámbulos”, que también recomiendo mucho). Es una de las películas con mejor foto/cinematografía del festival.

Trata sobre la relación de una hija sumisa y una madre controladora, pesada y autoritaria; ellas tienen que viajar en micro hacia Necochea, Buenos Aires para visitar unos departamentos. La tensión entre ellas va a crecer mientras el viaje avanza, aflorando cuestiones personales y resentimientos entre ellas.

Hacia la última media hora la dirección es con cámara en mano, un poco más descuidada apropósito; para agregar tensión. En contraposición, los primeros, aproximadamente, cincuenta minutos de película tienen hermosos planos y un uso estético del lenguaje cinematográfico que me encantó.

Sí, las actuaciones son excelentes. Rita Cortese me hizo odiar con toda mi alma a su personaje, Clota.

04. Nosotros nunca moriremos (Eduardo Crespo).

Esta es una de esas películas en donde parece que no está pasando nada pero la trama avanza y, para cuando te quisiste dar cuenta, ya ibas por la última media hora de la película y todo estaba siendo una genialidad.

Un chico y su madre viajan a un pueblo cuando se enteran que el hermano de él y el hijo de ella murió. Gran parte de la película consta de conversaciones con diferentes personas del pueblo, cercanas a este hermano fallecido, para descubrir qué es lo que pasó y por qué falleció tan joven y de forma tan repentina.

Es un trabajo tan amateur como bien realizado, algunas actuaciones son mejores que otras pero todos los personajes tienen mucha personalidad y le dan vida a ese pueblo tranquilo hasta llegar a un clímax bastante emocionante en mi opinión. La mejor actuación se la lleva la madre, Romina Escobar; sin palabras el laburo de esa mujer.

El trabajo de dirección es excelente, yo la banco muchísimo y me tocó varias fibras sensibles porque el tema de “dejar ir” y “la muerte” es algo que, por suerte, si bien nunca me tocó vivir en carne propia con personas cercanas y queridas, siempre me pareció alto tan hermoso como triste y angustiante.

03. Red Post on Escher Street (Sion Sono).

No vi todas las películas de Sion Sono pero lo considero uno de mis directores favoritos. Entre otras películas de él que destaco se encuentran Love Exposure (2009), Antiporno (2016) y Cold Fish (2010). Su estilo tiende a ser bastante frenético, histriónico, desquiciado, sexual y sangriento. Esta película apenas tiene de lo último y carece de lo anteúltimo; es un Sion Sono mucho más wholesome, amigable y digerible; sin dejar su marca personal ni estilo propio.

La película trata sobre un casting en el cual se eligen a los personajes principales para una película. Toda persona que no quede en el papel, va a ser tomada como extra para la misma película. Durante la primera hora y media o dos horas vemos el casting y conocemos a cada uno de los muchos personajes que van a conformar el enorme cast que tiene; todos actores amateur o sin experiencia.

Sion Sono se encarga de dar una dura crítica a la forma en la cual los japoneses conciben la realización cinematográfica y cómo priorizan una “cara bonita” o conocida antes que dar lugar a nuevas personas en la industria. Además, hace especial énfasis en el trabajo de los extras en las películas; llevando a un clímax que es de lo mejor que vi, tanto en el festival como en el cine de este año.

Es una película un poco larga, y su estilo exagerado parece como si se tratase de un animé; pero entrando en el código, en la comedia que maneja y en el ritmo que utiliza, se puede disfrutar de una película tan entretenida como crítica.

02. Historia de lo oculto (Cristian Ponce).

Del director de las series-web Policompañeros motorizados (2013-2015); La obra de mi vida (2018) y La Frecuencia Kirlian (2017-2020) llega su primer largometraje, manteniendo a parte del cast que ha sido frecuente en esos otros trabajos e incorporando caras nuevas, todo en una película de misterio, sobrenatural y política, de bajo presupuesto pero muy, muy efectiva en su ejecución.

La película transcurre durante la última transmisión de un programa llamado “60 Minutos Antes de la Medianoche”, en donde un grupo de periodistas se propuso revelar, en contra de todos los obstáculos, la relación entre el (ficticio) presidente de la Argentina con el ocultismo, la magia negra y la brujería. Es una película claustrofóbica, lovecraftniana, con guiños desde In the mouth of madness hasta a All the President’s Men.

Pese a ser muy amateur y con bajo presupuesto tanto las actuaciones (Guiño, grande Casper Uncal) como los efectos son muy convincentes, verosímiles y creíbles. De todos modos, si bien todo suma y le aporta una cuota estética increíble, lo verdaderamente destacable es el guión que sabe dejar cabos sueltos, cosas a la interpretación, guiños para crear no solo tensión y misterio sino toda una República Argentina ficticia.

Me mantuvo al filo del asiento durante toda la película, terminando con un tercer acto en donde redobla la apuesta ante todo lo que estuvo planteando y mostrando a lo largo del resto de la película.

01. Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse (Pablo Martín Weber).

Podría decir que lo mejor que vi de este festival no fue un largometraje sino un cortometraje. El disparador es tan simple como el director, sentado en su computadora, navegando en ella mientras habla y reflexiona sobre lo que va viendo. Al principio, hace un recorrido por, justamente, la obra del autor contemporáneo de Darwin; pasando por imágenes e ilustraciones muy bonitas.

Hacia el minuto once de este corto de veinte minutos hay un quiebre y, lo que en un primer momento aparentaba ser un simple recorrido por la vida y obra de ese autor, pasa a ser algo mucho más complejo, existencialista y aterrador.

Todos los temas que toca no son algo con lo que esté muy familiarizado, por lo que dudo haberlo entendido todo o haber agarrado toda la información que suelta (de nuevo, en especial, en esos últimos diez minutos). Comienza  a comparar a los fósiles con los archivos de internet, y cómo éstos parecen estar al alcance de todo el mundo; inclusive arriesgándose a mostrar metrajes de guerra obtenidos de la deep web que, en algunos países, se consideran prohibidos y hasta terrorismo.

También menciona la inteligencia artificial, el esta persona no existe (this person doesn’t exist), página web donde una Inteligencia Artificial parece aprender, soñar y crear rostros de personas que, en realidad, nunca existieron. Reflexionando sobre los límites y alcances de la información, deja cuestiones abiertas y un amargo sabor de boca al terminar el cortometraje y haberlo visto todo.

Quizás, el trabajo más interesante que pudo existir para abrir esta nueva década de cine.

Habiendo terminado este corto pero a la vez quizás extenso recorrido por las películas que más me gustaron del festival, no quería cerrar sin mencionar a las que me quedaron en el tintero. Películas como Las sombras (Paulo Pécora); Fauna (Nicolás Pereda); Selva trágica (Yulene Olaizola); La sangre en el ojo (Toia Bonino); Mascarados (Marcela Borela; Henrique Borela); Río turbio (Tatiana Mazú González); Shiva baby (Emma Seligman); Mamá, mamá, mamá (Sol Berruezo Pichon-Riviére); Los conductos (Camilo Restrepo); Vicenta (Darío Doria); Sophie Jones (Jessie Barr); Panquiaco (Ana Elena Tejera); Un crimen común (Francisco Márquez); Lxs chicxs de las motitos (Inés María Barrionuevo; María Gabriela Vidal); Chico ventana también quisiera tener un submarino (Alex Piperno); Piola (Luis Alejandro Pérez); Hi, Sweety (Celeste Prezioso); Mes chers espions (Vladimir Léon); No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo (Nicolás Zukerfeld); Al morir la matinée (Maximiliano Contenti); Teddy (Ludovic Boukherma; Zoran Boukherma); Isabella (Matías Piñeiro); Deja que las luces se alejen (Javier Favot); Domovine (Jelena Maksimovic); Los primos esperan (Marina Nerea Malchiodi) y muchas otras más que me habrán quedado en el tintero y por mencionar, más allá de haberme gustado o no.

No dejemos que el cine se pierda, e intentemos vencer al (fallido) circuito comercial, que parece privarnos más del cine que lo que nos (pretende hacer creer que nos) acerca a él. Muchas de estas películas quizás nacieron para estrenarse en este festival y nada más; pero al menos habrá que lograr que no queden olvidadas y no tengamos que vernos obligados nosotros a decirle adiós a la memoria. Para algo dejo escrito ésto, ojalá les haya gustado.

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